Querido lector que nunca leerás esto.
Te escribo desde lo más profundo para darte la peor de las noticias que alguna vez pensé darte: TE DETESTO.
Como cuento con el tiempo suficiente para hacerlo, pienso que ya es hora de dar rienda suelta a este gabo interno que clama libertad desde hace ya varios semestres atrás.
Inicio explicando el porqué de mi abrupto retorno y disculpándome si tal vez jamás tuve la decencia de decir adiós; o bueno por lo que parece ser hasta ahora, un hasta luego.
Digamos que la chispa que encendió el cerillo fue una película reciente que vi.
Película que me hizo pensar en lo que de verdad hace que la relación lector/escritor funcione y creo, sin llegar a ofender a personas especializadas en el tema, que lo he descubierto.
Esa idea vaga eternamente plantada desde comienzos de nuestra vida, dónde nos explican cómo todas esas palabras que usamos, que no deben repetirse porque suenan mal, donde nos recalcan que las historias, los personajes y demás son los que crean los hilos de pasión entre nosotros dos, déjame decirte que son puras patrañas.
Pienso que existe algo, una pasión desenfrenada entre el escritor y sus palabras, una relación más allá de lo puramente carnal. Un eterno y sexual baile, casi que masoquista entre ambos, donde tú osas de ser el espectador.
Entonces querido lector, lo que quiero decir, sin ofenderte, es que eres un voyerista. No eres más que un vil ser que gime de placer mientras observas cómo el escritor hace suyas sus palabras. Cómo las coloca con pasión, sin miedo, sin desenfreno. Cómo las borra sin piedad y como logra convencerlas de regresar sin necesidad de regalos o citas y promesas que nunca se cumplirán. Por eso a ti oh lector, te confieso que te detesto.
Te detesto porque abusas sin razón de mi "profesión" y lo haces sin el más mínimo deseo de culpa. Pero ¿Qué más puedo hacer? Si al fin y al cabo no puedo vivir sin ti.
Por eso, aunque intente persuadirte de no continuar sé que lo harás. Porque el deseo de saber cómo ha de finalizar mi historia, te intriga al punto de llegar al suicido si tu acción es frustrada. Pero juzgarte tal vez no me compete a mi, serán otros lectores los que te juzguen por tu elección. Probablemente te preguntes qué es de mi, que haré más adelante. Pero no te preocupes, es un sentimiento razonable producto de tu adicción a mi producto. Es una reacción sicológica nada más. Algo puramente químico.
Y bueno, honestamente no sé que más decirte.
Creo que me he sincerado lo suficiente contigo. Y si, tal vez lo he hecho porque solamente a través de las palabras lo sé hacer; y si, tal vez estoy siendo hipócrita conmigo al tratar de llamarte de nuevo, al incitarte a ejecutar los eventos que tanto he criticado a lo largo de este escrito sin sentido... pero no me culpes a mi, culpa a Chloe, la protagonista de la película que, si prestaste atención al comienzo de mi historia, fue la que me incitó a escribirte.
Hasta pronto
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